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Los capellanes cerca de las familias

Los capellanes cerca de las familias

20.Marzo.2020 | General | Descargar artículo en PDF

Los sacerdotes del colegio, Don Ignacio, Don Nicolás, Don Federico y Don Gerardo, quieren transmitir a las familias, profesoras y personal no docente del colegio su cercanía y oración.

Tienen la suerte de poder celebrar la Santa Misa diariamente, así que si queréis que recen por alguna intención en especial podéis enviar un mail a capellania@colegiolostilos.com.

A través de este mismo enlace nos irán dejando algunas sugerencias para cuidar la relación con Dios estos días. Él nos ayudará a cuidar de los demás, a cuidarnos a nosotros mismos y a saber gestionar las mil situaciones del día a día que se nos presentan en esta circunstancia especial que estamos viviendo durante este tiempo de Cuaresma que nos prepara para recordar el Misterio Pascual.

Como nos pide el Papa, seguiremos rezando por los enfermos, por todas nuestras familias y para que pase este duro momento para el mundo.

Algunos consejos pastorales

Evangelio del día y breve comentario

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan 11,45-57

En aquel tiempo, muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él. Pero algunos acudieron a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús. Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron: «¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación». Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo: «Vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera». Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no sólo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos. Y aquel día decidieron darle muerte. Por eso Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y pasaba allí el tiempo con los discípulos. Se acercaba la Pascua de los judíos, y muchos de aquella región subían a Jerusalén, antes de la Pascua, para purificarse. Buscaban a Jesús y, estando en el templo, se preguntaban: «¿Qué os parece? ¿Vendrá a la fiesta?» Los sumos sacerdotes y fariseos habían mandado que el que se enterase de dónde estaba les avisara para prenderlo.

COMENTARIO

Jesús, es curioso, ante un mismo hecho dos reacciones opuestas: unos creen y otros te acusan. Es lo mismo que pasa ahora… Como dice un filósofo: Dios actúa en el claroscuro, de modo que hay bastante luz para quien quiere ver, y bastante oscuridad para quien no quiere ver. No es tanto la luz sino las disposiciones interiores. Jesús, tengo amigos que me preguntan por qué ahora no hay milagros espectaculares como los de antes… Pero que ellos no los ven: el milagro de un amanecer, una nueva vida, la sonrisa de un niño, una confesión, entregar la vida entera a Dios… y también de los otros. Cuenta a Jesús el último milagro que hayas vivido y agradéceselo.

DOMINGO 5 DE ABRIL: DOMINGO DE RAMOS. COMIENZA LA SEMANA SANTA

EVANGELIO PROCESIÓN

Lectura del santo evangelio según san Juan (Jn 12, 12-16)

En aquel tiempo, la gran multitud de gente que había venido a la fiesta, al oír que Jesús venía a Jerusalén, tomaron ramos de palmeras y salieron a su encuentro gritando: «¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor, el Rey de Israel!». Encontrando Jesús un pollino montó sobre él, como está escrito: «No temas, hija de Sion; he aquí que viene tu Rey, sentado sobre un pollino de asna». Estas cosas no las comprendieron sus discípulos al principio pero cuando Jesús fue glorificado, entonces se acordaron de que esto estaba escrito acerca de él y que así lo habían hecho para con él.

COMENTARIO

Jesús, hoy comienza la Semana Santa. En pocos días vas a culminar tu misión en la tierra. Nos vas a dejar tu mandamiento nuevo del amor; va a lavar los pies de tus discípulos, vas a pedir por los cristianos de todos los tiempos (también por mí); te me vas a entregar en la Eucaristía; vas a sudar sangre, te van a apresar y tus discípulos te abandonaran. Te azotarán y te golpearán; se burlarán de Ti. Llevarás la Cruz de tu muerte y de mi salvación hasta el Calvario. Allí morirás perdonando. Y yo, Jesús, … todos estos días muy pegado a Ti. Dile, con tus palabras, que no quieres dejarle solo ni un momento.

No temas hija de Sión… Pero, vamos a ver: ¿Qué es lo que me da miedo? ¿No soy acaso hijo de Dios?... ¡¿Entonces…!? Jesús, Tú eres el Rey de Israel, Tú eres el Rey del mundo. Nada sucede sin que tu lo permitas, y siempre será para bien. Jesús, contigo, siempre seré valientes. Necesitas hombres y mujeres valientes. Jesús quiero ser muy valiente.

LUNES SANTO

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan 12,1-11

Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa. María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume. Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dice: «¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres?». Esto lo dijo, no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón; y como tenía la bolsa, se llevaba de lo que iban echando. Jesús dijo: «Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, pero a mí no siempre me tenéis». Una muchedumbre de judíos se enteró de que estaba allí y fueron, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado de entre los muertos. Los sumos sacerdotes decidieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos, por su causa, se les iban y creían en Jesús.

COMENTARIO

Jesús, ¡Cómo te quiere María! ¡Qué detalle! Tú la miras con infinito cariño y la dejas hacer. No es tanto la calidad del perfume muy caro de nardo puro sino el amor que María pone. Está demostrándote que vales más para ella que todo lo que cuesta aquel perfume tan caro. Jesús, y yo, ¿Cómo te demuestro mi amor? ¿En qué se concreta? Me miras, también con cariño, como a María, y me susurras al oído: obras son amores y no buenas razones.

Jesús, la misma historia de siempre. Ahora tampoco -como le pasó a Judas- entienden que los cristianos queramos darte lo mejor. No siempre es el amor a los pobres, lo que les lleva a pensar así, como no lo era el caso de Judas. Es simplemente falta de Fe, visión humana, que impide luego amar de verdad a los pobres. Jesús, que sea generoso contigo, no sólo con el dinero, sino también con mi tiempo… y así te podré ver cada uno de los pobres.

Martes Santo

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan 13, 21-33. 36-38

En aquel tiempo, estando Jesús a la mesa con sus discípulos, se turbó en su espíritu y dio testimonio diciendo: «En verdad, en verdad os digo: uno de vosotros me va a entregar». Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía. Uno de ellos, el que Jesús amaba, estaba reclinado a la mesa en el seno de Jesús. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía. Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó: «Señor, ¿quién es?». Le contestó Jesús: «Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado». Y, untando el pan, se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote. Detrás del pan, entró en él Satanás. Entonces Jesús le dijo: «Lo que vas a hacer, hazlo pronto». Ninguno de los comensales entendió a qué se refería. Como Judas guardaba la bolsa, algunos suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres. Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche. Cuando salió, dijo Jesús: «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijitos, me queda poco de estar con vosotros. Me buscaréis, pero lo que dije a los judíos os lo digo ahora a vosotros: “Donde yo voy, vosotros no podéis ir”». Simón Pedro le dijo: «Señor, ¿a dónde vas?». Jesús le respondió: «Adonde yo voy no me puedes seguir ahora, me seguirás más tarde». Pedro replicó: «Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Daré mi vida por ti». Jesús le contestó: «¿Conque darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces».

COMENTARIO

Jesús, te turbas, te conmueves, te duele. Después de todo lo que has hecho por Judas, el canalla va y te traiciona. Le has lavado los pies, le has llamado amigo… Cuántos momentos felices, cuantas bromas, cansancios, canciones, cuántos milagros había visto, y, luego… el pecado. Jesús, ¡ya no más! ¡No quiero fallarte más! ¡No quiero ser como Judas! Sé que te turba, que te duele, de manera especial, la traición de tus amigos. Jesús, con tu ayuda, nunca más. Aprovecha y pide perdón por tus pequeñas o grandes traiciones.

Jesús, las grandes traiciones, como la de Judas, vienen precedidas de pequeñas traiciones egoístas. Los edificios no se caen de repente, sino que empiezan a salir pequeñas grietas, que se van abriendo, hasta que aquello se cae. Judas robaba de la bolsa… y tras el bocado entró Satanás. Jesús, con tu gracia ayúdame a descubrir esas grietas en mi alma. En el examen de conciencia buscaré las grietas y las goteras de mi alma.

Miércoles Santo

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 26, 14-25

En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso: «¿Qué estáis dispuestos a darme, si os lo entrego?». Ellos se ajustaron con él en treinta monedas de plata. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo. El primer día de los Ácimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: «¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?». Él contestó: «ld a la ciudad, a casa de quien vosotros sabéis y decidle: “El Maestro dice: mi hora está cerca; voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos”». Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua. Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo: «En verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar». Ellos, muy entristecidos, se pusieron a preguntarle uno tras otro: «¿Soy yo acaso, Señor?». Él respondió: «El que ha metido conmigo la mano en la fuente, ese me va a entregar. El Hijo del hombre se va como está escrito de él; ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado!, más le valdría a ese hombre no haber nacido». Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: «¿Soy yo acaso, Maestro?» Él respondió: «Tú lo has dicho».

COMENTARIO

Jesús, ¡Qué mal negocio hizo Judas! ¡Qué estafa! ¡Le han engañado! También a mí el demonio me quiere estafar. Como dice San Josemaría: el mundo, el demonio y la carne son unos aventureros que, aprovechándose de mi debilidad, quieren que, a cambio de una felicidad pequeña -que nada vale-, le entregue el oro fino y las perlas y los brillantes y rubíes empapados en la sangre redentora de Tú Sangre, que son el precio y el tesoro de la eternidad (cfr. Camino 808). Habla tú con Jesús y dile que nunca te dejarás estafar por el demonio.

Jesús, los apóstoles se quedan muy tristes por tu anuncio de traición. Te quieren de verdad, como yo. Lo han dejado todo para seguirte, ¿¡Cómo yo!?... Pero admiten humildemente la posibilidad de traicionarte, se sienten débiles, capaces de lo peor. Jesús, yo también soy capaz de todos lo errores y de todos lo horrores. Haz que sea humilde. Pregunta a Jesús: ¿Acaso soy yo, Señor…? Y aguanta su mirada.

Jueves Santo

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan 13, 1-15

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban cenando, ya el diablo había suscitado en el corazón de Judas, hijo de Simón Iscariote, la intención de entregarlo; y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo: «Señor, ¿lavarme los pies tú a mi?». Jesús le replicó: «Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde». Pedro le dice: «No me lavaras los pies jamás». Jesús le contestó: «Si no te lavo, no tienes parte conmigo». Simón Pedro le dice: - «Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza». Jesús le dice: «Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos». Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios». Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis "el Maestro" y "el Señor", y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis».

COMENTARIO

Jesús, tu vida terrena está llegando a su fin y el corazón se te desborda de ternura. No te mides, no eres calculador, como yo tantas veces: los amó hasta el fin. ¡Te das del todo en la Eucaristía! Ardientemente he deseado comer con vosotros esta Pascua (S. Lc 22, 15), nos dices con San Lucas: ardientemente, te morías de ganas, con pasión deseabas que llegara ese momento para instituir la Eucaristía, el Dios con nosotros hasta el final de los tiempos. Jesús, todo para estar cerca de un tipo como yo, que bueno eres Jesús, no me lo merezco. Agradécele que se haya querido quedar contigo.

Jesús, al lavar los pies a los apóstoles les estás grabando a fuego la clave de tu paso por la tierra: ser Dios es ser servidor de los demás. No basta saberlo, hacer falta ponerlo en práctica cada día. Y ahí estaban los pies de Judas, el traidor. ¡Qué cariño pondrías! Seguro que te esmeraste. Jesús, quiero ser como Tú, con un corazón grande, que sepa querer a todos, lavar los pies a todos, hasta los pies de los que me pisan.

Viernes Santo

EVANGELIO

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 18, 1-19, 42

(HOY, POR LA EXTENSIÓN DEL EVANGELIO, SÓLO PONEMOS LOS VERSÍCULOS QUE SE COMENTAN).

“Entonces se lo entregó para que fuera crucificado. Tomaron, pues, a Jesús; y Él con la cruz a cuestas, salió hacia el lugar llamado de la Calavera, en hebreo Gólgota, donde le crucificaron.”

“Padre, perdónales por que no saben lo que hacen”.

COMENTARIO

Jesús, he llegado corriendo al Calvario acompañando a tu Madre. No puedo decir nada. Te veo. Estás allí, clavado en la Cruz, con la cara rota y el cuerpo destrozado y sangrante. Apenas puedes respirar, mientras te apoyas en tus pies atravesados para tomar aliento. La boca abierta. La mirada triste, agonizante. ¡Jesús!, ¿Qué te han hecho? Me miras… y toda mi vida me parece un sinsentido. Jesús, quiero consolarte, aliviar tu dolor. Que mi vida sea tu consuelo.

Jesús, en la Cruz, todos tus gestos y palabras son de amor. Tienes los brazos abiertos, no porque estén clavados, sino porque quieres abrazar a toda la humanidad en un abrazo gigante. Entre tus brazos me pongo y con San Josemaría te digo: soy tuyo, y me entrego a ti, y me clavo en la Cruz gustosamente, siendo en medio del mundo una persona entregada a ti, a tu gloria, a la Redención, a la corredención de la humanidad entera. Busca el crucifijo más cercano y llénalo de besos.

Sábado Santo

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan 19, 38-42

José de Arimatea, que era discípulo de Jesús aunque oculto por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mixtura de mirra y áloe. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en los lienzos con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto, un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la Preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.

COMENTARIO

Jesús, mí buen Jesús, ¿Qué te han hecho? ¡Cuánto te echo en falta! Tengo un nudo en la garganta. No puedo vivir sin tu mirada, ni tu sonrisa, sin oír tu voz ni tu risa. Hoy seré valiente e iré con Nicodemo y con José de Arimatea a pedir tu cuerpo muerto a Pilato. Me pasaré, junto a tu Madre, el día velándote, contemplando y besando tus heridas. En la hora de la soledad, del abandono total y del desprecio, Jesús, que sea valiente, que siempre dé la cara por ti. Ante el cuerpo muerto de Jesús, promete que nunca le dejarás.

Con San Josemaría: yo subiré con ellos al pie de la Cruz, me apretaré al Cuerpo frío, cadáver de Cristo, con el fuego de mi amor…, lo desclavaré con mis desagravios y mortificaciones…, lo envolveré con el lienzo nuevo de mi vida limpia, y lo enterraré en mi pecho roca viva, de donde nadie me lo podrá arrancar, ¡y ahí, Señor, descansad! Cuando todo el mundo os abandone y desprecie,.. os serviré, Señor.

Pascua de Resurrección

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan 20, 1-9

El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.» Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

COMENTARIO

Jesús, como te querían las santas mujeres, incluso muerto. Tienen un amor, ¿Cómo el mío? Que va más allá de la muerte, un amor que vence a la muerte y al pecado: Muerte, ¿Dónde está tu victoria? Porque Jesús, ¡ha resucitado! Jesús, yo también quiero llevarte el aroma perfumado de mi vida cristiana. Porque el que trata con pescado, huele a pescado; el que trata con pintura, huele a pintura; y el que trata con perfumes huele a perfumes… Yo te llevo Jesús, el perfume de mi vida limpia, porque te quiero tanto o más que la Magadalena.

¡Qué mujeres! No hay quien las pare: ni lo temprano de la hora, ni la pesada piedra, ni los soldados romanos, nada… No hay piedra, dificultad o montaña que no mueva un corazón enamorado.

Vía Crucis para Primaria en pdf (Ver/Descargar )

Meditaciones de los capellanes

DOMINGO DE RAMOS (+/-)

Hemos terminado la llamada Semana de Pasión. Y el Domingo de Ramos y de Pasión, como quiso que se denominase San Pablo VI a este domingo, es la puerta de la Semana Santa...[LEER MÁS...]

Todos estos días de Cuaresma nos han servido para prepararnos más especialmente para esta Semana Santa, y para la celebración de los misterios centrales de la Salvación traída por Jesucristo: su Pasión, Muerte y Resurrección que vamos a conmemorar en el Triduo Pascual (este comienza, como quizá te acuerdes, con “La Misa de la Cena del Señor”, en la tarde del Jueves Santo).

¿Sabes que antiguamente se tapaban todas las imágenes en las Iglesias para posar nuestra mirada únicamente en Cristo crucificado?

En esta semana le acompañaremos en sus últimos momentos con los Apóstoles, en la Última Cena. Intentaremos estar cerca de la Virgen, las Santas Mujeres y San Juan y así podremos ver todo lo que nos quiere al mirar como muere por nosotros en la Cruz (“Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”, les había dicho poco antes a sus apóstoles).

Si lo recuerdas, este domingo, el Domingo de Ramos, abre la celebración de la Semana Santa haciendo memoria de dos hechos históricos fundamentales: el triunfo definitivo de Cristo adelantado por su entrada clamorosa y llena de alegría en Jerusalén y el anuncio de su Pasión y Muerte realizado en la lectura del día.

Va precedida la Misa de la procesión de los Ramos y la lectura del evangelio en el que se narra el recibimiento de Jesús por parte del pueblo judío con los mismos honores con que se recibió al Rey David: los ramos y mantos en el camino y Jesús montado un borriquito, mientras se iba proclamando su realeza con el cantico del Hosanna.

Es una bella escena, pero esta no nos puede hacer olvidar que para que se cumpla su triunfo definitivo, Jesús había de pasar por la Cruz. Por eso se narra la Pasión del Señor en el Evangelio de la Misa.

¿No es verdad que eso es lo que ocurre en nuestra vida cotidiana, la de cada día?: para ser felices, para poder superarnos, también en la adversidad y en lo momentos dolorosos, para conseguir hacer felices a los demás, debemos nosotros pasar primero por el sacrificio.

El sacrificio, el esfuerzo, está presente en todo lo valioso que deseamos lograr. Estos días lo estamos comprobando: para superar esta epidemia debemos estar recluidos en casa (cuando nos apetecería estar en el parque jugando, o de excursión, haciendo deporte con los amigos y tantas otras cosas más agradables). Para que haya una convivencia amable en casa debemos superar tantas veces nuestras perezas para cumplir nuestro encargo o ayudar a otro a vivirlo; o vencer nuestro orgullo y no contestar de malos modos a nuestro hermano o a nuestros padres… Y a ti seguro que se te ocurren más cosas que puedes hacer.

¿Recuerdas cómo comenzamos la Cuaresma ilusionadas por acompañar a Jesús en sus cuarenta días de oración y ayuno para preparar su vida pública y predicar a todos el Evangelio, la buena nueva del Reino de los Cielos?

Y lo hicimos con unas metas decididas en aquellas tres columnas de la Cuaresma (¿recuerdas?): limosna, ayuno y oración. Caridad (cariño y de manera especial con los próximos), sacrificio y hablar con Jesús a solas. Es un buen momento de desempolvarlos y renovarlos para ¡de verdad! acompañar a Jesús en estos últimos momentos de su vida en la tierra. Ese propósito de rezar todas las noches, o hablar un ratito con Jesús en la oración; o el de no contestar de malas maneras cuando estas cansada o te molesta algo; no chinchar a la hermana, y ofrecer a Jesús el ayudar a poner la mesa o recogerla, o… poner el lavavajillas…

Vale la pena que desde ese lugar donde estás muestres a Jesucristo que quieres ser como Él, que no te dejes vencer por la apatía, o la desgana, ¡que el aburrimiento no te pille!, porque procuras siempre estar ocupada cuidando tus propias tareas con puntualidad y las de la casa. Y cuidando de los tuyos con mucho cariño.

Y de vez en cuando di una comunión espiritual ya que no puedes acercarte al oratorio del cole o a la Iglesia, para tener siempre muy vivos los deseos de estar junto a Jesús.

Seguro que, si te buscas como aliada a nuestra Madre, la Virgen María, todo será más fácil: pídeselo a Ella cada noche cuando le reces las tres Ave Marías.

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AMISTAD CON JESÚS (+/-)

El evangelio del quinto domingo de Cuaresma, nos recuerda que Jesús es el Señor de la vida y de la muerte, y que cuida siempre de nosotros... [LEER MÁS...]

El evangelio del quinto domingo de Cuaresma, nos recuerda que Jesús es el Señor de la vida y de la muerte, y que cuida siempre de nosotros, aunque a veces nos sorprendan sucesos, como los actuales, que nos hacen sufrir: personas cercanas o nosotros mismos que podamos pasar una enfermedad o un trance aún más doloroso, como la muerte de un ser querido. Dice así el evangelista San Juan:

Había caído enfermo un cierto Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta, su hermana. María era la que ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera; el enfermo era su hermano Lázaro.

Las hermanas le mandaron recado a Jesús diciendo: «Señor, el que tú amas está enfermo».

Jesús, al oírlo, dijo: «Esta enfermedad no es para la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella».

Ya recuerdas qué bien termina esta escena: con la resurrección de Lázaro. «Señor, el que tú amas está enfermo».

Qué seguridad transmiten estas palabras, este recado de aquellas hermanas de Lázaro que habían experimentado el amor de Cristo, su cercanía. Además, la seguridad de que iban a ser escuchadas y atendidas.

Jesús nos ama a cada uno personalmente: ¿has hecho tú la experiencia? Porque para sentirse amada por Jesús hay que ser su amiga, como Lázaro, como Marta y María. Y para ser amiga, hay que tratarle, conversar con Él, mirarle, saber lo que le gusta, lo que le interesa, conocer sus reacciones ante las diferentes situaciones de la vida, compartir sus ilusiones, sus gustos, sus amores. Pedirle cosas cuando necesites favores o estés agobiada. Agradecerle sus atenciones…

Si lo piensas, todas estas cosas que acabo de mencionar son las que cualquier buena amiga hace con sus amigos: ¡pues con Jesús, primero!, ¿no te parece? Mira lo que sobre esto nos dice San Josemaría en un punto de Camino: “Buscas la compañía de amigos que con su conversación y su afecto, con su trato, te hacen más llevadero el destierro de este mundo..., aunque los amigos a veces traicionan. –No me parece mal. Pero... ¿cómo no frecuentas cada día con mayor intensidad la compañía, la conversación con el Gran Amigo, que nunca traiciona?”.

No te parece que es una buenísima razón para cuidar un momento de oración, de trato a solas con Jesús cada día. Hacemos como Él mismo nos indica cuando nos anima a hacer oración (¡te acuerdas?): “cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto”. Jesús nos da dos ideas: primero buscar un lugar tranquilo (nuestro cuarto, nuestra habitación, o el sitio donde podemos concentrarnos mejor, sin nada que nos distraiga), y luego que hablemos de tú a tú, que haya conversación con Dios, con Jesús, de tal manera que le expresemos nuestras preocupaciones, nuestras alegrías, nuestros miedos, nuestros proyectos, nuestros fracasos… y también que le preguntemos, que entablemos un diálogo, no un monólogo. En el diálogo se habla, pero también se escucha y se pregunta. ¿Tú lo haces así con Jesús? Pregúntale, pídele, cuéntale lo que llevas en el corazón y ¡escúchale!

Ah, y procura conocerle, hablarle de Él también. Por eso es tan bueno leer el evangelio en la oración: así le conoces mejor y te planteas vivir como Él vivió: aprendes de su amor a los demás, de su generosidad, de su valentía, de su amor a la verdad… y tantas cosas.

Bien, tenemos que acabar. Vamos a hacerlo, como siempre, junto a la Virgen. Ella también supo hacer oración y así la encontró el Ángel cuando le anunció que iba a ser la Madre de Dios. Le pedimos que nos ayude a vivir este propósito: no dejar ningún día de hacer nuestro ratito de oración.

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EL BESO DE JUDAS (+/-)

Comenzamos nuestra oración y me gustaría que esta tarde, nos fuéramos cada uno a la última cena y al huerto de los olivos... [LEER MÁS...]

Nos dicen los Evangelios que al final de la Cena, después de comulgar Judas por primera vez, Detrás del pan, entró en él Satanás. Entonces Jesús le dijo: «Lo que vas a hacer, hazlo pronto». Ninguno de los comensales entendió a qué se refería. Como Judas guardaba la bolsa, algunos suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres. Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche.

¿Qué hizo Judas? él sabía a ciencia cierta que Nuestro Señor permanecería en Jerusalén, pues era tarde para volver a Betania, como había hecho en días precedentes. Después de llegar a un acuerdo con los judíos se mantuvo oculto y al acecho. Siguió después -ocultándose- los pasos de la pequeña comitiva hasta que se internó en el huerto. Era este un lugar conocido por él, pues Jesús frecuentemente se reunía allí con sus discípulos (Jn). Enseguida salió en busca de quienes habían de detener al Maestro. Todo había sido minuciosamente preparado. San Marcos dice que acompañaba a Judas una muchedumbre con espadas y palos, y que iba de parte de los príncipes de los sacerdotes, de los escribas y de los ancianos. Jesús estaba aún hablando con sus discípulos cuando se presentó este grupo armado, con el traidor a la cabeza.

Judas se adelantó entonces y besó al Maestro: era la señal convenida con quienes habían de detenerlo. Mientras le besaba, le saludó: Salve, Rabí (maestro). Jesús se estremeció y le respondió con inmensa pena: Amigo, ¡a lo que has venido! ¡Cómo es posible que hagas esto conmigo!, con un beso -símbolo de amistad, de confianza, de cariño- entregas al Hijo del Hombre.

Sin duda, Cuando contemplamos la escena, a todos nos parece imposible que un hombre que ha mirado tantas veces a Cristo, que le ha conocido tan de cerca, pueda ser capaz de entregarlo. Porque Judas estuvo presente en muchos milagros y había experimentado la bondad del Corazón de Jesús, y se sintió atraído por su palabra, y, sobre todo, recibió un trato de predilección por parte de Jesús: ¡había llegado a ser uno de los doce más íntimos! Quizá él mismo realizó algún milagro en aquellas horas de lealtad al Maestro. Parece como si la larga convivencia con Jesús, en vez de una oportunidad de conversión, hubiera hecho más duro su corazón, por la falta continuada de correspondencia. Y es que La resistencia a la gracia blinda el corazón a las constantes llamada del amor.

Seguro, que ser entregado por uno de los suyos fue especialmente doloroso para Jesús. Aquel beso fue el primer golpe, durísimo, con el que se iniciaba su Pasión. Jesús sintió enseguida como una quemadura en el rostro.

Ese beso ha creado una tradición en algunos lugares de México donde existen Cristos de talla, cubiertos de heridas, que llevan en la mejilla una llaga especialmente honda, llena de sangre, que llaman el beso de Judas. Es el beso traidor del amigo, las negaciones de quienes debíamos estar más cerca... Entonces le preguntarán: ¿qué heridas son esas...? Y responderá: Son las que recibí en la casa de mis amigos.

Pensemos también nosotros, en la intimidad de la oración, cuántas veces el beso de Judas, ese beso que quemó el rostro del Señor, fue el nuestro. Y te animo a pensarlo, porque considerar que ese beso es el tuyo y el mío nos ayudará a desagraviar, a dar importancia a las pequeñas faltas de amor con el Señor. Ojalá que no nos olvidemos nunca que todo pecado está relacionado íntima y misteriosamente con Cristo. Que cada pecado es una ofensa y de verdad le duele, aunque no lo veamos con los ojos del cuerpo, podemos pedir a Jesús que lo veamos con los ojos del alma.

Junto a esto te animo a que le pidas al Señor que te agrande el corazón, que pase lo que pase en nuestra vida tu y yo no le demos la espalda, que no seamos traidores, que sepamos meterlo cada vez más en nuestro corazón y en nuestra vida, quizá en estos momentos en que no podemos verle con la frecuencia que nos gustaría, si que podemos dedicar un tiempo a hablar personalmente con Él, a tratar de nuestras cosas y a pedir por los demás y por el final de la pandemia.

No sé si te acuerdas, pero en la última cena, Pedro le dijo: Aunque todos caigan por tu causa, yo jamás caeré, la verdad es que todos nos parecemos a Pedro, tenemos un corazón grande, pero luego vienen las rebajas, cuando las cosas nos cuestan. Pero para eso Jesús le da ese consejo que me gustaría que tuvieras estos días en la cabeza: Velad y orad para no caer en la tentación, pues el espíritu está pronto, pero la carne es débil y me gustaría que lo tuvieras en la cabeza, no tanto porque vayamos a traicionar a Jesús, pero si porque con este no poder salir de casa, necesitamos de Jesús para transformar nuestras casas, tu la tuya y yo la mía en un lugar agradable porque nos vayamos pareciendo más a Jesús que siempre estaba haciendo la vida agradable a los demás.

Esta escena de la Pasión del Señor es, desde otro punto de vista, una llamada a la esperanza, pues «después de ver de cuántas maneras mostró Dios su misericordia con Judas, que de Apóstol había pasado a traidor, al ver con cuánta frecuencia le invitó al perdón, y no permitió que pereciera sino porque él mismo quiso desesperar, no hay razón alguna en esta vida para que nadie, aunque sea como Judas, haya de desesperar del perdón.

Es verdad, que, en estos momentos, no tenemos fácil acudir al sacramento la confesión, pero si que podemos pedirle perdón muchas veces con un acto de contrición, que buen propósito sería que, en estos días de cuarentena, nos acostumbremos a repetir con frecuencia el Señor mío Jesucristo o cualquier otra oración de petición de perdón que te guste y te sepas, pidiendo perdón por tus ofensas y las de tantas personas.

En cierta manera, esto es también seguir el consejo del Apóstol: Rezad unos por otros para ser salvos (Sant 5, 16), si vemos que alguien se desvía del camino recto, esperemos que volverá algún día a él, y mientras tanto, recemos sin cesar para que Dios le ofrezca oportunidades de entrar en razón; para que con su ayuda las reciba, y para que, una vez recibidas, no las suelte ni rechace por la malicia, ni las deje pasar de lado por culpa de su miserable pereza». Quizá sea un amigo, un hermano, un hijo, un padre... Todos pueden y deben volver. El Señor los espera y dispone las gracias necesarias. Quizá alguna vez solo falte nuestra colaboración decidida: una oración más intensa y perseverante, un ejemplo que arrastre, un espíritu de sacrificio mayor... Rezad unos por otros...

El Señor no abandona a los suyos, ni siquiera cuando estos le dejan o le traicionan. Todo tiene remedio. Pero es necesario volver a Él con un corazón humilde y contrito, dispuestos a recomenzar de nuevo, aunque sea desde el escalón más bajo de la miseria humana. Jesús nos recibirá siempre con una palabra amigable, perdonará y olvidará. Y nosotros, si le hubiéramos dejado por unos instantes, seguiremos junto a Él, más cercanos, porque seremos más conscientes de nuestra debilidad y de la necesidad que tenemos de ayuda.

Hagamos también el propósito de no abandonar en nuestro apostolado personal a los amigos más difíciles. No demos como irrecuperables a esos que parecen haber dado definitivamente la espalda a Dios. Pueden y deben volver. El Señor les espera, y nosotros contamos con las gracias necesarias para ayudarles en su camino de regreso a la Casa del Padre. No perdamos nunca la esperanza. Dios puede más. Él vino al mundo para salvar y recordó que no necesitan médico los sanos, sino los enfermos. Más necesidad cuanto más grave es la enfermedad. Ofrezcamos por ellos más oración y más mortificación, y veamos si ponemos todos los medios para acercarles al Señor. Nadie está irremediablemente perdido.

Judas también podía haber vuelto. Y, a pesar de todo, habría sido una de las columnas de la Iglesia. Siempre se puede recomenzar. Siempre podemos volver a empezar y estos días son fabulosos para volver a empezar en nuestra vida cristiana, son días muy buenos para crecer en amistad con Jesús, para crecer por dentro, para agrandar el cariño a Jesús y a los demás, ejercitándonos en los actos de contrición para pedir perdón y en la oración para crecer en amistad con Jesús.

Vamos a terminar nuestra oración y lo hacemos de la mano de nuestra Madre la Virgen, a la que contemplamos con su corazón atravesado por una espada e intercediendo por cada uno de sus hijos, pues a esa madre buena, le pedimos que durante este tiempo de cuaresma y de cuarentena, tú y yo sepamos crecer en la amistad con Jesús porque le sepamos pedir perdón muchas veces y porque sepamos pararnos con Él en la oración.

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¡ALÉGRATE! (+/-)

Ese grito de esperanza nos alienta a confiar en que Jesús sacará de estos aparentes males grandes bienes para nosotros, nos hará crecer en tantos aspectos de nuestra vida... [LEER MÁS...]

Alégrate, Jerusalén, reuníos todos los que la amáis, regocijaos los que estuvisteis tristes para que exultéis; mamaréis a sus pechos y os saciaréis de sus consuelos.

Así comienza la antífona del domingo cuarto de Cuaresma, domingo “laetare”, porque se refiere precisamente a este grito de júbilo, de esperanza con el que el salmista expresa su alegría, alegría fundada en la confianza en Dios, en Jesucristo que es nuestra fuerza, nuestro consuelo. También viene muy a propósito en estos momentos que estamos viviendo en esta incertidumbre, en este aislamiento temporal, en esta lejanía de tantos seres queridos, en la ausencia de una vida más en libertad de movimientos, más movida, ¿verdad?

Pero, a pesar de todo, ese grito de esperanza nos alienta a confiar en que Jesús sacará de estos aparentes males grandes bienes para nosotros, nos hará crecer en tantos aspectos de nuestra vida: podremos cuidar con más cariño el trato con nuestros padres y hermanos, ser más colaboradoras en casa, saber aguantar alguna cosa molesta sin darle más importancia, tener paciencia, mirar con buen humor algún suceso que nos contraría…

Cuentan de San Josemaría que en una ocasión tuvo un enfado morrocotudo por una contrariedad, algo que no salió según tenía previsto (era aún un sacerdote joven), y entonces se le ocurrió la idea de hacerse una foto en una de aquellas máquinas automáticas que entonces existían (ahora se haría un “selfie”). Y, al verse la cara de malhumor que se le había puesto, se echó a reír y se le pasó el enfado. Y aconsejaba: para que enfadarte si luego te has de desenfadar. Es el punto de Camino número 8, que dice así: "Serenidad. –¿Por qué has de enfadarte si enfadándote ofendes a Dios, molestas al prójimo, pasas tú mismo un mal rato... y te has de desenfadar al fin?"

No merece la pena perder el buen humor. Y en estos momentos de manera especial hemos de dar alegría a nuestro alrededor. Que no nos vean tristes, que no nos “piquemos” por cualquier cosa, que sepamos perdonar, que nos esforcemos por ser amables. Un consejo del Papa viene muy a propósito: tener muy a mano en nuestro vocabulario las palabras gracias, perdón, por favor. Puede ser un buen propósito para esta semana.

Otra idea importante que nos ofrece el Señor en la lectura del Evangelio de hoy es la necesidad de acudir a Él para que sea luz en nuestro camino, para iluminar todos los momentos y circunstancias de nuestra vida: ahora de manera especial que nos haga ver como aprovechar estos momentos de parón forzoso para crecer en virtudes: en la caridad con los demás, ayudando a los que más lo necesiten y estando disponibles, generosas con todos los de nuestra familia, en el orden en nuestras cosas y en nuestro horario para aprovechar el tiempo... Y alguna cosilla más que el Señor te estará soplando en estos momentos.

Y todos estos buenos propósitos los ponemos en manos de nuestra Madre Santa María, se lo pedimos a Ella, para que nos ayude a ponerlos por obra: pensad como actuaría Ella en nuestra situación, como ayudaría a Jesús y a José, con que buen humor. Cómo, a pesar de las incomodidades estaría cuidando muy bien de su trabajo, de las tareas del hogar, sin quejarse, sin rechistar y siempre con una sonrisa, muy contenta.

Don Nicolás

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GRACIAS POR LA COMUNIÓN (+/-)

Recordando el día de su primera Comunión decía San Josemaría que aquel día Jesús “quiso venir a hacerse el dueño de mi corazón”. [LEER MÁS...]

Estas palabras nos pueden servir para considerar una realidad que en ocasiones por las prisas del día a día se nos puede olvidar y no es otra que ser conscientes que en la comunión recibimos a Jesús, pero es Él quien nos recibe. Es verdad que en la comunión lo invitamos a nuestro hogar, pero sabiendo que en el fondo es él quien nos acoge en el suyo. Él es nuestro anfitrión. Nuestros deseos de recibirle son pequeños comparados con los suyos. Nosotros repetimos la comunión espiritual algunas veces cada día, pero para Él ese deseo de intimidad con cada uno de nosotros es mucho más apasionado e irrefrenable: «Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros, antes de padecer» (Lc 22,15).

Cuanto me gustaría y supongo que a ti también, que se encendiera el corazón cuando nos acercamos a recibirles. Ojalá y te animo a que se lo pidas a Jesús que tengas, y yo también, ilusión por recibirlo, por dejar que Jesús entre en mi corazón con frecuencia. Como esto no siempre es posible, tenemos el remedio de la comunión espiritual de la que nos decía el santo Cura de Ars: cada vez que sientas que tu amor por Dios se está enfriando, rápidamente haz una Comunión espiritual (San Juan María Vianney, Sermones).

Que buen consejo para estos días en los que estamos en cuarentena. Por este motivo, quizá algunos no podamos salir de casa para asistir a Misa. En algunas zonas del planeta se ha tenido que suprimir hasta la celebración pública de la Eucaristía. Pero Jesús sigue ahí. Esperándonos. Deseándonos. Le pedimos que esta situación pase y pronto pueda volver a tocar nuestras almas a través de la Comunión sacramental. Nos da miedo que esta ausencia justificada enfríe nuestro amor. Puede que después de muchos años recibiéndole a con frecuencia nos veamos privados durante unas semanas de su presencia sacramental. Jesús lo sabe, pero no quiere que suframos por este deseo santo sino todo lo contrario. Es fácil que su lejanía física nos haga valorar mucho más el regalo inmerecido de la comunión frecuente, la cercanía tierna de un Dios que se hace pan y el servicio silencioso que nos prestan los sacerdotes que lo hacen presente con su voz y sus acciones.

Pueden ser días para comprobar hasta qué punto disfruta Dios con nosotros, hasta qué punto nos espera quien es dueño de la eternidad: como dice san Josemaría, quien no necesita nada, no quiere prescindir de nosotros (Es Cristo que pasa, n. 84).

Jesús quiere que seamos santos, que seamos amigos suyos, mujeres 10, en medio del mundo, en medio de lo ordinario, en medio de las circunstancias de cada día. Y ahora es parte de lo ordinario, de lo que Jesús quiere, que le busquemos en la cuarentena. No sería bueno el deseo de buscarlo en lo extraordinario, en el riesgo de salir a la calle si lo prudente es permanecer en casa. Obedecer a nuestros padres, o quizá a nuestros hijos, o a los médicos, y por supuesto, a la autoridad sanitaria son actitudes propias de los santos. Ellos saben vivir cada momento con la paz que les proporciona la unión con Dios. Saben que Dios utiliza siempre mediaciones, instrumentos; Dios los ama, aunque ellos no lo perciban o no lo puedan comprobar.

No sabemos cuánto tiempo nos veremos privados de participar en la Eucaristía, pero queremos comprender el valor que tienen a los ojos de Dios estos deseos nuestros manifestados con constancia y sinceridad. San Josemaría nos ha enseñado a miles de personas en el mundo una oración que él aprendió de un buen escolapio: «Yo quisiera, Señor, recibiros con aquella pureza, humildad y devoción con que os recibió vuestra Santísima Madre; con el espíritu y fervor de los santos». Cuentan que el mismo Jesús en persona confió a Santa Faustina Kowalska que si rezamos la Comunión espiritual varias veces al día, en tan solo un mes veremos nuestros corazones completamente cambiados. Estas semanas pueden ser una gran oportunidad para agrandar nuestro corazón, para identificarnos con los mismos deseos de Dios.

Es una oración que pone de manifiesto la valentía de una persona, porque no se conforma con buenas intenciones. Es una oración que nos ayuda a proponernos metas altas, que nos invita a soñar a lo grande.

Y es que nos anima a que tú y yo imitemos a María, la bienaventurada entre todas las mujeres: Yo quisiera Señor recibiros, con aquella pureza, humildad y devoción, con que os recibió vuestra Santísima Madre, que buen propósito nos sugiere esta oración: tener el alma bien dispuesta para recibir a Jesús.

Además, esta oración no se conforma con esa meta, sino que también nos propone parecernos a los santos: con el espíritu y fervor de los santos, que quizá es una meta como más fácil de alcanzar. Y es que es una oración que nos recuerda que todo es poco para recibir al huésped, al amigo que se lo merece todo.

Vamos a pedirle a Jesús, que cuando recemos esta oración y estos días podemos decirla muchas veces, eso deseos se hagan realidad en nuestra alma y que el la limpie, la purifique y la haga más humilde, paciente, para que cada uno de nosotros -aunque no podamos recibirle durante estos días- nos vayamos pareciendo más a María y a Él.

Junto a esto, si se me permite hablar así, a lo humano, me gustaría que fuéramos conscientes de cuanto disfruta Jesús, de cuanto le gusta comprobar que tenemos deseos de recibirle y de estar con él. Y estos días podemos hacer muy feliz a Dios cumpliendo con lo ordinario y recitando multitud de veces esta breve oración. Esa plegaria nos ayudará a encontrarle, no solo en el sagrario cercano, al que quizá no podemos ir, sino en las mil cosas que se suscitarán en nuestras casas. Y al mismo tiempo, esta oración nos ayudará a tener la seguridad de que no nos deja en ningún momento si tú y yo no lo dejamos y es que con la comunión espiritual sacaremos la fortaleza para vivir una cuarentena serena y alegre.

Pienso que estos días nos pueden servir para comprender mejor a Jesús que lleva, como dice San Josemaría, desde hace veinte siglos, ... ¡voluntariamente encerrado!, por mí, y por todos. (San Josemaría, Forja, n. 827). Y en cierta manera la cuarentena es imitar a Jesús en ese estar encerrados por amor a los demás.

Por eso, cuando la convivencia cueste, o cuando sonreír no sea fácil, será un alivio comprobar que Él nos espera en su «cárcel de amor» y que podemos acudir a Él con la comunión espiritual. Cuando haya que apretarse el cinturón para capear esta crisis, cuando la enfermedad nos asedie, o cuando el aburrimiento se haga presente será un consuelo saber que el Señor no se ha ido, que está presente en quienes viven conmigo, en los que sufren o en los que simplemente tienen miedo. Cuando haya que estudiar sin exámenes o teletrabajar sin que el jefe compruebe si consultamos las redes sociales, cuando nadie eche en falta nuestra puntualidad o nuestra colaboración en el trabajo del hogar nos reclame poner las últimas piedras, será vital contar con su apoyo, con su cercanía y con su cariñoso empuje. Nadie como Él se hace cargo de nuestros deseos, sufrimientos y anhelos incluso antes de que los sintamos nosotros mismos.

Vamos a terminar, acudiendo a San José, es uno de aquellos santos que durante meses se alimentó de comuniones espirituales. Soñaba cómo sería el Niño y seguramente lo hablaba con María. Fueron meses de preparación, de deseos de tomarlo en sus brazos. Nadie como María su esposa para comprenderlo, pero nadie tampoco como ella para encender eso deseos. Sus palabras fueron posiblemente aliento que mantuvieron el optimismo y la esperanza en San José. No sería extraño que José sorprendiera a María diciéndole a Jesús las ganas que tenía de besarlo, abrazarlo y cuidarlo, o cantándole con el cariño de la madre más enamorada. De lo que no cabe duda es de que juntos se prepararon para el mejor recibimiento que Dios hecho hombre podía soñar aquí en la tierra.

Por eso, aprendiendo de San José y la Virgen, aunque no lo recibamos sacramentalmente, podemos hacer la acción de gracias cada día, después de unirnos por televisión o internet a la Santa Misa, y alabarle por lo bien que ha hecho todo, también lo que no comprendemos ahora, dándole gracias pro su cercanía y porque no nos deja solos.

Le pedimos al terminar, que, aunque no podamos recibirle que, durante estos días, por la comunión espiritual y la acción de gracias, sepamos vivir muy pegados a Él.

Don Ignacio

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Historias de superación

Testimonio José Villela

Nos gustaría compartir con vosotros un vídeo, que sin lugar a duda impresiona. Es verdad que no hemos sufrido un accidente como el de este chico, que no nos hemos quedado paralíticos, pero también es verdad que nuestra vida -la de todos- ha sufrido grandes cambios. Este vídeo presenta una reflexión que nos puede ayudar a cada uno de nosotros a reflexionar si estamos preparados a considerar cómo planteamos nuestra vida. Al mismo tiempo nos invita a examinar si las herramientas que estamos empleando, ahora y en nuestra vida son las correctas o tenemos que cambiar alguna.

4 sentidos

El vídeo nos cuenta la celebración de los 25 años de boda que Azahara y Pascual organizan para sus padres que son invidentes, y los dos jóvenes decidieron organizarles una sorpresa. Al carecer de la visión, sus hijos organizan un celebración para los cuatro sentidos que sí pueden usar. “Nuestros padres nos enseñaron que hay dos maneras de tomarse la vida. Puedes vivirla lamentándote de todo lo que te falta, quejándote por el sentido que la vida no te dio, o aprovechando al máximo lo que sí tienes”, concluye el hijo mayor.

Si durante estos días, aprovechamos los 6 sentidos que tenemos (el sexto es el de la imaginación) que agradable podemos hacer estos días de cuarentena para los que conviven con nosotros.