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Tips para ayudar a crecer a tus hijos

El poder de la confianza

La idea que un niño tiene de su propio valor depende, casi por completo, de lo que su padre y su madre piensan de él. Adoptará las mismas actitudes, ante la vida y para sí mismo, que observa en sus padres.

Fomentar el buen desarrollo de la confianza en nuestros hijos solo nos traerá consecuencias positivas, tanto en el desarrollo de su personalidad y autoestima como en su relación con nosotros. He aquí algunas claves de cómo tratar a nuestros hijos para conseguir este objetivo.

  1. Admirarlos: Si los hijos perciben que les queremos, admiramos y somos justos al tratarlos, se tendrán a sí mismos en alta estima. Cuando es necesario, les corregimos por algo que han hecho mal y conseguimos que por ello se sientan queridos, no evaluados constantemente y reprochados en sus limitaciones. Fortalecemos ante el fracaso y transmitimos que lo importante no es no equivocarse nunca, sino saber rectificar y tener una actitud de trabajo y alegría. Animamos cuando algo les sale bien, sin ofrecerles falsas expectativas de éxito.
  2. Establecer unas normas y límites claros: A nuestros hijos les da seguridad saber lo que pueden hacer y cuáles serán las consecuencias de sus acciones. Eso sí, mantente firme en esos criterios y no los modifiques, aunque a veces te cueste. Tampoco los cambies en función de tu estado de ánimo.
  3. Ayudarles a interpretar la vida: Los hijos necesitan que estemos ahí porque requieren un referente para conocerse y entenderse. Aprenden a resolver sus pequeños problemas a los que se enfrentan cada día (grandes para ellos), gracias al ejemplo que les damos con nuestras reacciones. Debemos fomentar el trato de confianza con ellos, que no significa tratarlos como iguales. Los hijos necesitan la seguridad que sólo nosotros y no un compañero puede proporcionarles. Sin nuestra referencia, acudirán a un amigo de su edad, o a otros medios: se encontrarán que exageran o quitan importancia a un hecho determinado que nosotros podríamos juzgar con mayor experiencia y prudencia.
  4. Confiar siempre: De entrada, debemos confiar siempre en ellos, aun a riesgo de que nos mientan. Es preferible que confiemos cien veces y nos engañen una, que desconfiar de ellos y que sientan que no nos fiamos de ellos.
  5. Premiar la sinceridad: Cuando un niño hace algo bien, se siente ansioso por mostrarlo a sus padres. Por esta misma fuente de aprobación, buscan ocultar sus errores. Por ello, la sinceridad se debe premiar siempre. Háblales de valentía. Ante la mentira: No la aceptamos en nuestro hogar como recurso, deteriora la confianza y la convivencia. Es un recurso que no soluciona el problema, sino que lo acentúa y además nos hace más cobardes. Explica a tus hijos que la mentira al principio les parece que les evita un castigo, pero la vamos a penalizar más que la conducta errónea que buscan ocultar.
  6. Cuidar nuestra actitud ante sus errores: Les queremos igual, aunque sus resultados no sean buenos. Cuando transmitimos que el deseo de éxito es indispensable, el niño entiende que sus padres le querrán sólo cuando su rendimiento escolar sea positivo. Percibe que el amor de sus padres queda condicionado. Es natural que los padres sientan orgullo por el rendimiento de sus hijos, por eso mismo, la actitud que tengas ante sus errores y fracasos también influye en la percepción de capacidad y de valía que se fragüen de ellos mismos.
  7. La confianza siempre va de la mano de la libertad. Que quieran, con libertad, hacer lo que deben. No aprenden a ser libres por tener muchas opciones entre las que elegir. Crece su libertad cuando aprenden a desear el bien y elegirlo libremente.

Reto

Conforme nuestros hijos crecen se ven influenciados no solo por las reacciones de su familia sino que otros factores empiezan a afectar su sentido del propio valor y por consiguiente su confianza en sí: las actitudes de sus compañeros de juego, las actitudes y sentimientos de sus familiares y maestros, las calificaciones y evaluaciones escolares… Más tarde, en el curso de sus vidas, las actitudes de sus jefes y compañeros de trabajo también jugarán un papel muy importante.

Os propongo que hagáis con ellos un ejercicio: Vamos a jugar, o hablar con ellos, según las edades, de todas aquellas cosas que les llaman la atención, les inquietan, les preocupan. Aunque a nosotros nos parezcan menudencias, es la oportunidad que tenemos de tender puentes, y de enseñarles a vivir. Tendrán la confianza de contar muchas cosas sin temor a las represalias. A cambio recibirán un buen consejo acompañado, si es necesario, de una corrección hecha desde el amor.

Pilar Utrera Villalba, Psicopedagoga. Departamento de Orientación Secundaria